sábado, 8 de diciembre de 2012

LA CARRERA



El día de la carrera desperté a las 4 am. Le pasé la voz a mi esposa que vino a desayunar conmigo y que me acompañó hasta el bus que nos llevaría a los atletas hasta la zona de inicio de la carrera. Ella iría después con mi hija Rafaela, mi madre y mi suegra. Quedamos dónde nos veríamos antes de entrar a nadar. Durante la bici y la corrida, no teníamos ni idea, pero con seguridad íbamos a vernos. Ellas ya son especialistas en estas lides. Y me subí al bus. Solo. En todo el camino, que no eran más de diez minutos, estuve pensando en mi Papá, en cómo estaría de nervioso por mí si estuviera con nosotros, en que iba a nadar en un mar que a él le encantaría disfrutar conmigo, que habíamos venido a conocer un país nuevo y que lo podría haber invitado, que él (fuera de mi esposa y mi hija) había sido mi único familiar en ir a verme a una triatlón, que cerraría la carrera con la ropa de esa misma triatlón en que él me vio y muchas otras cosas más de él conmigo. Y me emocioné muchísimo en el camino. Miraba a los otros atletas, mayores, menores, hombres, mujeres… todos en paz. Algunos incluso tratando de dormir. Yo estaba mal, triste, extrañando a mi Papá, muerto de miedo. Al llegar a la zona de inicio no pudimos bajar, se desmayó una atleta al pararse para bajar. Pasó un rato y el ambiente se caldeaba, hasta que se levantó y bajó para hacer su ironman en medio de aplausos de todos nosotros. Espero que haya logrado su meta.
Una vez abajo fui a buscar mi bicicleta para inflar las llantas y ponerle la comida y la bebida que había programado para los 180 kilómetros. Caminando me encontré con otro peruano, el que tuvo el mejor tiempo de todos, un crack, Javier Aramburú. Nos dimos un fuerte abrazo que hasta ahora recuerdo porque me sacó todo el miedo y la tristeza que se había juntado dentro de mí. Luego nos fuimos encontrando los cuatro que habíamos entrenado juntos el día anterior. Cada uno fue al baño, tomó su agua, hablábamos, caminamos juntos hacia la zona donde debíamos esperar para ir al agua, etc. Al final, se nos perdió uno más y sólo quedamos tres juntos: Javi, Renzo y yo. Miguel se había ido a preparar su cámara para filmar la carrera.
Dieron la señal para que los pros entraran al delfinario para nadar. Ahí avanzamos un poco y pude ver dónde estaba mi esposa con mi hija. Necesitaba verlas. Ahora ya no tenía miedo. Sabía que el entrenamiento era peor que la carrera y ya lo había hecho todo. Ahora tenía ansiedad. Pensaba que me faltaban más de doce horas para volver a estar con ellas y que todo esto terminara.
Nos dieron la señal de pasar al delfinario. Me acerqué y saludé a mi barra, luego alcancé a Javi y a Renzo. Hubo show de delfines, no vi ni michi. Estaba en otra. Un español a mi lado se orinó en el traje de natación. Nos alentábamos con Javier y Renzo, saltábamos un poco para calentar el cuerpo.
Entraron los pros al agua y al poco rato partieron. Luego entramos nosotros. Ahí ya no vi más ni a Javi ni a Renzo. En adelante estaría solo. Me colgué de la red que evitaba que los delfines se fugaran del delfinario hasta que faltaron dos minutos para iniciar la carrera. Luego fui nadando hacia la partida y antes de que llegar a la línea de partida dieron el cornetazo. Apreté mi reloj y empecé a nadar.
Viento en contra, mucha gente, brazos, pies y burbujas por todos lados. Me concentré en mirar el hermosísimo fondo marino y seguí avanzando. Poco a poco, brazada a brazada, tratando de no desconcentrarme con el gentío. Un claustrofóbico pierde el control en esta situación de todas maneras. Llegué a la primera boya tranquilo. Mi tiempo era mayor del que había calculado, pero estaba bien. Ahora tocaba llegar a la otra esquina del rectángulo y luego la recta larga con viento a favor. Y así fue. En la segunda boya me cayó un codazo dentro de la axila que me hizo pasar electricidad por todo el brazo. Pero no fue más que un susto. En la recta pude mantener un ritmo sólido hasta que llegamos a la tercera boya. Dar la vuelta ahí se me complicó con la apretada de la gente y entre la tercera y cuarta me abrí para pasar la cuarta sin que me chanquen. Pero no conté con el viento ni con la corriente. Estaba alejándome e iba a tener que nadar unos metros más que todos. Pero no me importaba, quería nadar tranquilo y eso hice. El viento soplaba fuerte y ya estaba soleado el día. Parecía que no se avanzaba. Ya cuando faltaba poco cada metro me parecía un kilómetro. Hasta que llegué y subí la escalera. Primera parte, terminada. Fui a saludar a mis chicas y pasé a la zona de transición. Que debería llamarse zona de estrés: una gritería y lanzadera de cosas terrible. Tuve que irme a una esquina, voltear mi silla para no ver a nadie, concentrarme en mis cosas y empezar a cambiarme. Hice, creo, la transición más larga de la historia, pero salí tranquilo para subirme a la bici.
Saludé nuevamente a mis chicas y me trepé a la bici en la alfombra para eso. Le pedí a mi viejito que cuidara mi tendón para que no me molestara durante la bicicleta y empecé a pedalear. Me sentía bien y fuerte, pero quería ser conservador. La meta era terminar. Me repetía a mí mismo: “No pases de 145 pulsaciones”, “No te pelees con el viento”. Y así fui yendo. Pastillas de sal cada hora, sorbo de hidratante cada quince minutos, pedazo de barra cada veinte. Cada hora me bajaba de la bici para estirar un poco la espalda (tengo dos hernias que tengo que cuidar atentamente) y las piernas. La primera vuelta se me pasó volando (mentalmente), la vista de la isla es preciosa y no haber hecho reconocimiento creo que fue ideal en ese sentido. La segunda vuelta me fue más pesada y paré en necesidades especiales a comer algunos engreimientos que tenía. Ahí pude ir al baño y conversar con otros atletas.
 Quedaban 80 kilómetros. El viento se ponía peor cada vez. La tercera vuelta empezó ya con cansancio. Ya iba 120 kilómetros. Las pulsaciones iban más bajas de 140, me sentía cansado y prefería no ajustar. Sabía que estaba preparado para ajustar un poco más, pero preferí sentirme bien. Tenía miedo que reapareciera la lesión. Pasó la primera parte de la vuelta, entré a la zona de playas de la isla, donde el viento ya soplaba muy fuerte. “No te pelees con el viento, al viento no le interesa cuanta fuerza le metas, va a soplar porque es viento, sólo sabe soplar y soplará hasta que tenga que hacerlo”. La última recta, la que tiene viento a favor, ya no pude apretarla como en las anteriores. Sentía un poco el cansancio y preferí irme tranquilo. Una vez fuera de la bici, el ironman estaba terminado. Hasta caminando lo iba a terminar. Y llegué a transición. Sin mis chicas al final de cada vuelta y Juan Pablo en la puerta de su hotel con la bandera del Perú, no la hacía.
Otro estrés en la transición. Ya lo conocía, no me sorprendió tanto esta vez. Me demoré la mitad en esta transición. Bloqueador, cambio de polo, geles, número para adelante, zapatillas, guardar todo, baño. Y listo, a correr. Ni bien salí me encontré con mi barra. Estaba acalorado y me dieron un buen refresco anímico. El sol estaba fuerte. Tomé mi gel y me puse a correr. Entre 150 y 160 pulsaciones era lo planeado. Comencé bien. A los diez minutos me llené de gases. Después me vine a enterar que esto es común y que la gente lleva su pastilla para esto. Pero yo no tenía nada a la mano. A correr con dolor, qué importa. Las piernas no dolían, no había signo de calambre, sólo gases. Malditos gases. La primera vuelta de 14 K la hice tranquilo. Pero por el dolor estuve a menos de 150 pulsaciones.
La segunda vuelta no fue tan tranquila. Me habían advertido que era la peor. Era la vuelta que te metía al famoso “muro” de las maratones. Ya no me preocupaba la lesión de la bici, esa no me incomodaba al correr. Ahora me preocupaba el muro, que se me bloquearan las piernas y tuviera que correr con dolor. En las dos maratones que había corrido hasta ahora me había pasado. Pero sin estos gases. Si me pasaba ahora iba a ser más complicado. Bajé la intensidad. Nuevamente por debajo de las 140 pulsaciones. Más conservador que lo planeado, pero iba a estar más tranquilo. El “gusano” que corroe la mente hay que sacarlo a tiempo. Y lo saqué, a costo de mi tiempo final, pero lo saqué. Si no se va, no terminas. Y se fue el maldito. Los gases eran insoportables. Tenía mi paquetito de kleenex. Decidí ir al baño. Mejoró la cosa. Pero tuve que ir al baño dos veces más durante esta vuelta. El dolor de los gases bajaba un rato, pero regresaba. Ya no aguantaba ni los geles ni el hidratante. Boté todo. Decidí tomar sólo agua y los pedazos de naranja que te daban. Nada de barras, geles, hidratante, plátanos, maní, pretzels ni gaseosa. Sé que el agua te quita los electrolitos… pero mi cuerpo no soportaba otra cosa. Piña. Si no puedo más, camino. Y terminé la segunda vuelta.
La tercera decidí correr la mitad sin parar por agua, naranjas, baño, ni otra cosa hasta la mitad de vuelta. Lo pude hacer. A buen ritmo. Pero ni bien llegué al regreso tuve que ir al baño. Ya casi no me quedaban kleenex y un gringo me pidió los que me quedaban. No se los di. ¿Y si tenía ganas de nuevo? No la hacía. A estas alturas ya los gases parecían una cuestión normal. La carrera era un concierto: pedos, eruptos y gente haciendo cola en los baños. Otros en el arbolito, detrás de un carro, tras un murito y los más confianzudos… en plena calle. Harto calato terminé viendo. Sólo los hombres. Las chicas, fuera de los pedos, parecían no tener problemas estomacales. Ya no quedaba nada. Menos de tres kilómetros. Hasta caminando la hacía. Había terminado. Las piernas estaban perfectas, la mente tranquila y el estómago con mucho menos gases. Agua, maní y pretzels (no saben lo ricos que son en estos momentos, los amo!!!) y a correr lo que quedaba. Poco a poco iba acercándome a la meta. Cada paso contaba, recordaba cada mail mandado por la campaña, cada donación, cada visita a Sagrada Familia, cada conversación con el director, el miedo a lanzar la campaña, cada entrada del blog, cada revisión del Facebook, cada foto subida, cada donación que no salió, me imaginaba la biblioteca construida con una foto de mi Papá en una esquina, me imaginaba a mi barra cuando llegara, pensaba en quién me iba a pasar la bandera, pensaba en los otros peruanos que no sabía ni dónde estaban, pensaba en mis hermanos que estaban atentos a la carrera, recordaba a los amigos con los que había hablado sobre la carrera, recordaba a mi entrenador Rodrigo cuando entrenaba conmigo y mi cuñado, en mi amigo que no pudo venir a pesar de estar inscrito, en mis amigos en Lima, en el ensayo que tenía que hacer al día siguiente para mandar a la maestría, en las jornadas de entrenamiento en Vanna Coach, en cada carrera que había corrido pensando que algún día estaría aquí… todo mi año 2012 se me vino a la cabeza. 
Pensé que había hecho todo esto para que no me ganara la pena de la muerte de mi Papá, pensé que me rompería al llegar a la meta. Pero todo fue diferente. Llegué a la zona con más gente agolpada, con las justas había espacio para pasar, todos aplaudían y te estiraban los brazos para que los tocaras: niños, niñas, jóvenes, mayores, viejos, en inglés, en castellano, en francés. Todos estaban emocionados y alentándote. Ya faltaban unos metros no más. Escuchaba a los comentaristas de la carrera gritar los nombres de cada uno de los que iba llegando: “¡¡¡Ya eres un ironman!!!” Entré a la zona de meta y encontré a mis chicas con la bandera. Ya estaba hecho… soy un ironman! Miré la meta, pasé la bandera por detrás de mi espalda y la agarré en alto con cada mano y empecé a correr. Crucé la meta y no pude dejar de gritar… no sé ni qué grité, si dije algo o qué, pero sé que grité y salgo en la foto gritando, algo se fue ahí pero no sé qué salió… lo había logrado, ya estaba, ahora a descansar, ya soy un ironman, todo lo hecho valió la pena… tenía que volver a hacerlo. Me envolvieron en una toalla, me pusieron mi medalla, me dieron una pulsera de conchitas y se me acercó un señor mayor a preguntarme si me sentía bien y quería atención médica. Le agradecí y me fui a buscar a mi barra y a mis amigos.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Los previos a la carrera


¡Grande Spidertech!

Previo a la carrera, lo primero que pasó fue que estuve lidiando con una lesión. Un dolorcito tonto detrás de la rodilla, un tendón que une el gemelo con el hueso. Se activaba a las cuatro horas de montar bicicleta. Y fui cargando el miedo a que me pasara durante la carrera, en el kilómetro 120 de bicicleta. Spidertech me ayudó mucho con eso, salvo que me tuve que afeitar la pierna… sólo una. Quedó gracioso, pero la lesión fue superada, así como una fascitis plantar que me va y me viene, pero desapareció del todo tiempo antes de la carrera.
Además de eso, los peruanos que íbamos estuvimos organizando para hacernos unas casacas con nuestros nombres e incluso para nuestros familiares. Nos sirvieron para reconocernos en medio del gentío barrístico de la carrera.
El viaje lo tuve planeado desde más de siete meses antes: compra de pasajes, reservas de hotel, días de descanso luego en otro lugar de México, etc. Iba a ir con mi esposa y mi hija inicialmente, luego se sumaron a la comitiva mi madre y mi suegra.
En el aeropuerto me encontré con un futuro ironman más: Renzo Ratto. Viajamos en el mismo avión y nos fuimos juntos hasta Cozumel, junto con unos atletas chilenos, en una camioneta que alquilamos entre todos para ir al ferry con las bicicletas y demás cosas. Los otros futuros ironmans habían llegado antes o nos los fuimos encontrando ahí. Al final fuimos seis peruanos los que nos ubicamos. Por ahí me dijeron que había otro más, pero nunca lo vi.
Luego de casi un día de viaje desde mi casa hasta el aeropuerto, el vuelo a Cancún, el traslado al muelle para tomar el ferry a Cozumel, el ferry a Cozumel y el traslado al hotel, finalmente llegamos. Faltaban unos cuantos minutos para que cerraran el buffet de comida y fuimos a comer. Extrañamos por primera vez nuestra comida peruana. Pero la gente en México es excelente. Nunca dejé de sentirme en casa, a veces pienso que los mexicanos y los peruanos tenemos mucho en común. Linda gente los mexicanos.
El hotel era el hotel oficial de la carrera. Estaba lleno de atletas de todos los lugares del mundo. Altos, flacos, chatos, gordos, hombres, mujeres, con caras de malos, con caras de buenos, con tatuajes, sin tatuajesm chiquillos, viejos, pros… gente de todo tipo. Bicicletas por todos lados, un taller armado en el garaje del hotel para mantenimiento de bicis, gente nadando en la alberca (así se dice piscina en México) para soltar, gente que llegaba de correr un poco, etc. El ambiente que se vivía era muy lindo. La gente te preguntaba de dónde eras, cuánto pensabas hacer, cuántos peruanos venían, bien bacán.
El primer día que amanecimos en Cozumel (viernes) tomamos desayuno y me fui a recoger mi kit de competidor. Salimos llenos de compras: gorros, polos, pasadores, CO2, caramayolas, fotos oficiales de la competencia, stickers, etc. Y yo con la tarea de llenar cada una de las bolsas de mis transiciones y necesidades especiales. Ese día fue la charla y fue el único momento en que estuvimos los seis peruanos juntos. Uno se nos escapó y logramos tomarnos una foto los cinco que quedamos.
Dante Galindo, Javi Aramburú, Renzo Ratto, yo y Miguel Ruiz
El día anterior a la carrera, cuatro de los peruanos hicimos un último entrenamiento. Fuimos pedaleando hasta la zona de inicio de la carrera, nadamos un poco, corrimos un poco y luego regresamos pedaleando a nuestros hoteles. El viento estaba soplando duro y el mar hacía sentir la fuerza del viento. Incluso llovió un poco y no había sol. Parecía que el clima no nos iba a ayudar. Eso me fue poniendo nervioso y me hizo pensar en que mi lesión apareció en un entrenamiento en Paracas peleándome contra el viento.
Ese mismo día por la tarde alisté mis bolsas de las transiciones y mi bicicleta y las fui a dejar a la zona de transición. Ya todo estaba listo, al día siguiente sólo tendría que tomar mi desayuno e irme a nadar con mi ropa para la natación. Ya no iba a pasar nada más. Esa noche estaba súper nervioso. Pensaba que me iba a regresar la lesión a la cuarta hora de bicicleta, que no iba a poder correr después, que el viento iba a estar muy fuerte, que quizás iban a cancelar la carrera por mal tiempo, que quizás llovería, que iba a comer mal y me fallaría el estómago, etc. Me preocupaba no terminar la carrera porque era mi principal objetivo, era mi parte del trato para la construcción de la biblioteca. Tenía que cumplirlo. Pero todo se me iba empinando. Hasta que unas horas antes de acostarnos llegó mi amigo Juan Pablo Olivares, qye me había estado buscando hotel por hotel en Cozumel, y que ya ha hecho cuatro ironmans y uno por una campaña solidaria. Sus palabras de aliento fueron claves. Me pude ir a dormir tranquilo y dormí bien esa noche.

martes, 20 de noviembre de 2012

EL ENTRENAMIENTO



Una de las preguntas que más me han hecho en estos meses de campaña es por el entrenamiento. Todo entrenamiento deportivo serio tiene tres componentes que influencian el rendimiento: entrenamiento propiamente dicho, nutrición y descanso. Algunos dicen que el entrenamiento corresponde al 40% del rendimiento y que la nutrición y el descanso se llevan juntos un 60% del rendimiento. Habrá que verlo. Ya les contaré. En todo caso, les explico a grandes rasgos cómo me he preparado desde enero para esta carrera.
Mi último día de intervalos con Rodrigo Medrano
Desde enero hasta mayo hice un entrenamiento para correr la Maratón de Lima. El entrenamiento me lo dio la famosa “Maro”, que es la maga de arreglar lesiones en este mundo de deportistas. Ella, junto con Jack Daniels (un entrenador de maratón en USA, no el que hace el whisky) tienen un fondo para ayudar a unos niños deportistas jóvenes en Kenia. El dinero invertido en el plan va para este fondo, así que de paso ayudé. El entrenamiento fue duro y largo y lo hice muy interrumpido con un montón de cosas que fueron pasando, entre ellas, la muerte de mi padre en marzo. Además de eso, hacía dos veces a la semana spinning y nadaba dos veces a la semana también. Pero esos dos últimos deportes los hacía sin ninguna organización ni intensidad específica. Así que ya saben a quién tienen que llamar si quieren correr una maratón por una causa: a Maro.
 
Con Vanna Pedraglio en Vanna Coach
Luego de la Maratón de Lima descansé una semana y empecé el plan de entrenamiento específico para el ironman. Mi entrenador es Rodrigo Medrano. Su asesoría ha sido muy importante en este tiempo, así como su compañía y aliento en los entrenamientos. Además del plan de entrenamiento empecé a hacer un acondicionamiento físico funcional en Vanna Coach. Ellos dos combinados han sido los arquitectos de este asunto y les he hecho caso en casi completamente todo (algunas veces he flojeado y he tenido un par de lesiones que han estorbado un poco, para las que Maro me ayudaba y también Manuel Encinas, un masajista deportivo a quien veo quincenalmente).
El entrenamiento ha tenido cambios en rutinas, frecuencias, tiempos e intensidades, así como que también a veces entrenaba de noche si me quedaba dormido en la mañana, pero han sido 24 semanas (después de las 18 para la Maratón) más o menos así:


LUN
MAR
MIE
JUE
VIE
SAB
DOM
5.30 a 7.30 am
Masajes
BIKE (1 hora)
RUN (1.5 horas)
BIKE (2 horas)
RUN (1 hora)
RUN (2 a 3 horas)
BIKE (3 a 5 horas)
12.00 m a 1.15 pm
SWIM (2500/3000 mts.)
Vanna Coach
SWIM (2500/3000 mts.)
Vanna Coach
SWIM (2500/3000 mts.)



Con eso, junto a mi vida familiar, mi trabajo como terapeuta, mis estudios de maestría, la campaña y mi vida social, lograba dormir entre 7 y 8 horas diarias y leer, claro, algunas novelas (menos de las que normalmente leo, pero pude leer).
A esto hay que sumarle el apoyo nutricional que recibí de Ale Valdez, que logró hacerme comer bien y de manera ordenada y bajar varios kilos de grasa que no voy a tener que cargar durante el Ironman… seguro que mis rodillas lo van a agradecer.
Y así es la cosa. ¿Alguien se anima?

lunes, 5 de noviembre de 2012

ACTIVIDADES PRO FONDOS



A tres semanas de la carrera, tenemos aún varias actividades en las que pueden participar para ayudarnos a recaudar fondos. Se las anoto a continuación para que vayan a las que puedan y nos ayuden:

Jueves 08 de noviembre: Fiesta Pro Fondos en Bizarro. Los amigos de Bizarro nos han ofrecido las ventas de los tragos de ese día, entre 9 y 12 de la noche, para Yo corro, ellos leen. ¡La entrada no cuesta! Necesitamos la presencia de todos los que puedan, que convoquen si no pueden ir, que vayan aunque sea un rato, que nos ayuden en la barra si no toman, etc. ¡Tenemos que romperla en recaudación ese día!

Martes 13 de noviembre: PASTA PARTY. Los amigos de LIF WEEK, haciendo eco de las famosas comidas previas a las carreras de endurance, nos están apoyando organizando una cena de cierre del evento con la presencia de tod@s l@s diseñador@s y en el Hotel BTH en Córpac. Hay entradas sólo para 200 personas, así que apúrense a comprarlas! La donación es de S/. 100 e incluye la cena que nos donado Don Italo y las bebidas. También tenemos sorpresas de parte de l@s diseñador@s si hacen donaciones en el evento mismo. ¡Acompáñennos y quizás salgan con premio!

Sábado 17 de noviembre: TRIEXPERIENCE. Los más capos del entrenamiento alternativo en el Perú: Vanna Coach, K.O. Workout Sistem y Crossfit Perú junto con el auspicio de la EXPO AVENTURA, se han unido a la causa y nos han ayudado a diseñar una experiencia deportiva triple: triple esfuerzo, triple sudor, todo triple… como será en Cozumel. Nos hemos unido los cinco para ayudar a construir la biblioteca y el sudor de todos va a ser necesario. No puedo decir que es sólo para valientes, pero sí puedo decir que van a sudar cada sol que pongan… ¡va a estar bravazo! TRIEXPERIENCE va a ser sábado 17 de noviembre, de 12m a 3 pm, dentro de la EXPO AVENTURA en el coliseo del Estadio Niño Héroe Manuel Bonilla en Miraflores. Revisen la web para las inscripciones: www.triexperience.pe.
Toda la información de los eventos está en el Facebook de la campaña o si quieren información nos pueden escribir a yocorroellosleen@gmail.com .

Necesitamos su apoyo… estamos bordeando el 15% de recaudación y estamos a tres semanas del Ironman Cozumel 2012!!!