viernes, 7 de diciembre de 2012

Los previos a la carrera


¡Grande Spidertech!

Previo a la carrera, lo primero que pasó fue que estuve lidiando con una lesión. Un dolorcito tonto detrás de la rodilla, un tendón que une el gemelo con el hueso. Se activaba a las cuatro horas de montar bicicleta. Y fui cargando el miedo a que me pasara durante la carrera, en el kilómetro 120 de bicicleta. Spidertech me ayudó mucho con eso, salvo que me tuve que afeitar la pierna… sólo una. Quedó gracioso, pero la lesión fue superada, así como una fascitis plantar que me va y me viene, pero desapareció del todo tiempo antes de la carrera.
Además de eso, los peruanos que íbamos estuvimos organizando para hacernos unas casacas con nuestros nombres e incluso para nuestros familiares. Nos sirvieron para reconocernos en medio del gentío barrístico de la carrera.
El viaje lo tuve planeado desde más de siete meses antes: compra de pasajes, reservas de hotel, días de descanso luego en otro lugar de México, etc. Iba a ir con mi esposa y mi hija inicialmente, luego se sumaron a la comitiva mi madre y mi suegra.
En el aeropuerto me encontré con un futuro ironman más: Renzo Ratto. Viajamos en el mismo avión y nos fuimos juntos hasta Cozumel, junto con unos atletas chilenos, en una camioneta que alquilamos entre todos para ir al ferry con las bicicletas y demás cosas. Los otros futuros ironmans habían llegado antes o nos los fuimos encontrando ahí. Al final fuimos seis peruanos los que nos ubicamos. Por ahí me dijeron que había otro más, pero nunca lo vi.
Luego de casi un día de viaje desde mi casa hasta el aeropuerto, el vuelo a Cancún, el traslado al muelle para tomar el ferry a Cozumel, el ferry a Cozumel y el traslado al hotel, finalmente llegamos. Faltaban unos cuantos minutos para que cerraran el buffet de comida y fuimos a comer. Extrañamos por primera vez nuestra comida peruana. Pero la gente en México es excelente. Nunca dejé de sentirme en casa, a veces pienso que los mexicanos y los peruanos tenemos mucho en común. Linda gente los mexicanos.
El hotel era el hotel oficial de la carrera. Estaba lleno de atletas de todos los lugares del mundo. Altos, flacos, chatos, gordos, hombres, mujeres, con caras de malos, con caras de buenos, con tatuajes, sin tatuajesm chiquillos, viejos, pros… gente de todo tipo. Bicicletas por todos lados, un taller armado en el garaje del hotel para mantenimiento de bicis, gente nadando en la alberca (así se dice piscina en México) para soltar, gente que llegaba de correr un poco, etc. El ambiente que se vivía era muy lindo. La gente te preguntaba de dónde eras, cuánto pensabas hacer, cuántos peruanos venían, bien bacán.
El primer día que amanecimos en Cozumel (viernes) tomamos desayuno y me fui a recoger mi kit de competidor. Salimos llenos de compras: gorros, polos, pasadores, CO2, caramayolas, fotos oficiales de la competencia, stickers, etc. Y yo con la tarea de llenar cada una de las bolsas de mis transiciones y necesidades especiales. Ese día fue la charla y fue el único momento en que estuvimos los seis peruanos juntos. Uno se nos escapó y logramos tomarnos una foto los cinco que quedamos.
Dante Galindo, Javi Aramburú, Renzo Ratto, yo y Miguel Ruiz
El día anterior a la carrera, cuatro de los peruanos hicimos un último entrenamiento. Fuimos pedaleando hasta la zona de inicio de la carrera, nadamos un poco, corrimos un poco y luego regresamos pedaleando a nuestros hoteles. El viento estaba soplando duro y el mar hacía sentir la fuerza del viento. Incluso llovió un poco y no había sol. Parecía que el clima no nos iba a ayudar. Eso me fue poniendo nervioso y me hizo pensar en que mi lesión apareció en un entrenamiento en Paracas peleándome contra el viento.
Ese mismo día por la tarde alisté mis bolsas de las transiciones y mi bicicleta y las fui a dejar a la zona de transición. Ya todo estaba listo, al día siguiente sólo tendría que tomar mi desayuno e irme a nadar con mi ropa para la natación. Ya no iba a pasar nada más. Esa noche estaba súper nervioso. Pensaba que me iba a regresar la lesión a la cuarta hora de bicicleta, que no iba a poder correr después, que el viento iba a estar muy fuerte, que quizás iban a cancelar la carrera por mal tiempo, que quizás llovería, que iba a comer mal y me fallaría el estómago, etc. Me preocupaba no terminar la carrera porque era mi principal objetivo, era mi parte del trato para la construcción de la biblioteca. Tenía que cumplirlo. Pero todo se me iba empinando. Hasta que unas horas antes de acostarnos llegó mi amigo Juan Pablo Olivares, qye me había estado buscando hotel por hotel en Cozumel, y que ya ha hecho cuatro ironmans y uno por una campaña solidaria. Sus palabras de aliento fueron claves. Me pude ir a dormir tranquilo y dormí bien esa noche.

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