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| ¡Grande Spidertech! |
Previo a la
carrera, lo primero que pasó fue que estuve lidiando con una lesión. Un
dolorcito tonto detrás de la rodilla, un tendón que une el gemelo con el hueso.
Se activaba a las cuatro horas de montar bicicleta. Y fui cargando el miedo a
que me pasara durante la carrera, en el kilómetro 120 de bicicleta. Spidertech
me ayudó mucho con eso, salvo que me tuve que afeitar la pierna… sólo una.
Quedó gracioso, pero la lesión fue superada, así como una fascitis plantar que
me va y me viene, pero desapareció del todo tiempo antes de la carrera.
Además de eso, los
peruanos que íbamos estuvimos organizando para hacernos unas casacas con
nuestros nombres e incluso para nuestros familiares. Nos sirvieron para
reconocernos en medio del gentío barrístico de la carrera.
El viaje lo tuve
planeado desde más de siete meses antes: compra de pasajes, reservas de hotel,
días de descanso luego en otro lugar de México, etc. Iba a ir con mi esposa y
mi hija inicialmente, luego se sumaron a la comitiva mi madre y mi suegra.
En el aeropuerto me
encontré con un futuro ironman más: Renzo Ratto. Viajamos en el mismo avión y
nos fuimos juntos hasta Cozumel, junto con unos atletas chilenos, en una
camioneta que alquilamos entre todos para ir al ferry con las bicicletas y
demás cosas. Los otros futuros ironmans habían llegado antes o nos los fuimos
encontrando ahí. Al final fuimos seis peruanos los que nos ubicamos. Por ahí me
dijeron que había otro más, pero nunca lo vi.
Luego de casi un
día de viaje desde mi casa hasta el aeropuerto, el vuelo a Cancún, el traslado
al muelle para tomar el ferry a Cozumel, el ferry a Cozumel y el traslado al
hotel, finalmente llegamos. Faltaban unos cuantos minutos para que cerraran el
buffet de comida y fuimos a comer. Extrañamos por primera vez nuestra comida
peruana. Pero la gente en México es excelente. Nunca dejé de sentirme en casa,
a veces pienso que los mexicanos y los peruanos tenemos mucho en común. Linda
gente los mexicanos.
El hotel era el
hotel oficial de la carrera. Estaba lleno de atletas de todos los lugares del
mundo. Altos, flacos, chatos, gordos, hombres, mujeres, con caras de malos, con
caras de buenos, con tatuajes, sin tatuajesm chiquillos, viejos, pros… gente de
todo tipo. Bicicletas por todos lados, un taller armado en el garaje del hotel
para mantenimiento de bicis, gente nadando en la alberca (así se dice piscina
en México) para soltar, gente que llegaba de correr un poco, etc. El ambiente
que se vivía era muy lindo. La gente te preguntaba de dónde eras, cuánto
pensabas hacer, cuántos peruanos venían, bien bacán.
El primer día que
amanecimos en Cozumel (viernes) tomamos desayuno y me fui a recoger mi kit de
competidor. Salimos llenos de compras: gorros, polos, pasadores, CO2, caramayolas,
fotos oficiales de la competencia, stickers, etc. Y yo con la tarea de llenar
cada una de las bolsas de mis transiciones y necesidades especiales. Ese día
fue la charla y fue el único momento en que estuvimos los seis peruanos juntos.
Uno se nos escapó y logramos tomarnos una foto los cinco que quedamos.
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| Dante Galindo, Javi Aramburú, Renzo Ratto, yo y Miguel Ruiz |
El día anterior a
la carrera, cuatro de los peruanos hicimos un último entrenamiento. Fuimos
pedaleando hasta la zona de inicio de la carrera, nadamos un poco, corrimos un
poco y luego regresamos pedaleando a nuestros hoteles. El viento estaba
soplando duro y el mar hacía sentir la fuerza del viento. Incluso llovió un
poco y no había sol. Parecía que el clima no nos iba a ayudar. Eso me fue
poniendo nervioso y me hizo pensar en que mi lesión apareció en un
entrenamiento en Paracas peleándome contra el viento.
Ese mismo día por
la tarde alisté mis bolsas de las transiciones y mi bicicleta y las fui a dejar
a la zona de transición. Ya todo estaba listo, al día siguiente sólo tendría
que tomar mi desayuno e irme a nadar con mi ropa para la natación. Ya no iba a
pasar nada más. Esa noche estaba súper nervioso. Pensaba que me iba a regresar
la lesión a la cuarta hora de bicicleta, que no iba a poder correr después, que
el viento iba a estar muy fuerte, que quizás iban a cancelar la carrera por mal
tiempo, que quizás llovería, que iba a comer mal y me fallaría el estómago,
etc. Me preocupaba no terminar la carrera porque era mi principal objetivo, era
mi parte del trato para la construcción de la biblioteca. Tenía que cumplirlo.
Pero todo se me iba empinando. Hasta que unas horas antes de acostarnos llegó
mi amigo Juan Pablo Olivares, qye me había estado buscando hotel por hotel en Cozumel, y que ya ha hecho cuatro ironmans y uno por una campaña solidaria. Sus palabras de aliento fueron claves. Me pude
ir a dormir tranquilo y dormí bien esa noche.
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Qué emocionante, Gonzalo!!!!!! Sigue adelante :)
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