miércoles, 26 de septiembre de 2012

El día que conocí a Miguel Rodríguez

El fundador de la Comunidad de Niños Sagrada Familia se llama Miguel Rodríguez. Tuve el gusto de conocerlo en un café cercano a la universidad donde enseño y estudio. Él tuvo a bien hacerse un tiempo en su apretada agenda para conversar con este otro soñador que quería hacer algo por estos niños. Fui con mis chicas, mi esposa y mi hija, porque queríamos conocerlo todos. Mi esposa está día a día conmigo empujando la campaña y dando ideas. Mi hija es una coleccionista de libros, y le habíamos contado de este señor que ayudaba a los niños que no tenían papás y que su papá lo iba a ayudar a construirles una biblioteca para que como ella, pudieran leer cuando quisieran. Ella no lee aún, le leemos, pero estoy seguro que va a ser una fanática de la lectura como su padre, por lo menos ya comenzó con las colecciones.
En fin. Llegó Miguel y nos contó su historia. Primero que nada, coincidencias, como siempre. Es arequipeño (mi esposa y mi padre también lo son… y mi hija dice que lo es… se lo gritó a Miguel!). Es psicólogo y periodista. ¿Qué tal esa? Si bien no se dedicó a fondo a la psicología, sí lo hizo con el periodismo y le gusta mucho escribir. Otra más. Uno de mis sueños es poder dedicarme algún día a escribir.
Su historia es sumamente sobrecogedora. Ya siendo profesional, casado, establecido y con dos hijos, tuvo un tercer hijo, que nació con un problema cardiaco. Una vez que su hijo se puso mal, lo llevó al hospital, ya viviendo en Lima, y ahí el pequeño no pudo superar la crisis. Esto le dolió mucho a Miguel y a su esposa, que tuvieron que resignarse a la más dolorosa de las pérdidas. Saliendo del hospital vieron a dos niños en emergencia que no eran atendidos por nadie porque no tenían para pagar la consulta. Esto le pareció una tremenda injusticia y pagó la cuenta de los niños para que los atendieran. Esa misma noche, uno de ellos también murió. Ahí, por primera vez, vio a su hijo reflejado en otros niños abandonados.
El tiempo inmediatamente posterior a esto empezó a trabajar con niños de la calle. Recuerdo que contó muy entusiasmado su experiencia en salir a jugar y a tocar música con los niños que hacían vida nocturna en la Lima de los 80s en la ahora remozada Plaza San Martín. Durante ese tiempo fue gastándose sus ahorros y perdió el empleo. Pero no podía dejar de buscar a estos niños. Poco a poco fue acercándose más a ellos hasta que una noche se llevó a cuatro de ellos a su casa. Esa noche comenzó todo. Otra coincidencia, la muerte de un ser querido lo llevó a mirar a ese ser querido en otros y querer ayudarlos.
Al día siguiente, al despertar, no estaban los chicos. Como dice él, “como buen cristiano, me puse a buscar qué me habían robado, pero no habían robado nada”. Al tiempo regresaron a pedirle disculpas por irse sin avisar, y le dieron la lección de solidaridad más grande: “no podíamos vivir contigo y dejar a nuestros amigos en la calle”. Así que fueron entrando niños a su casa en Breña. Y así, poco a poco, se fue llenando de hijos. Incluso se dio el tiempo para tener un cuarto hijo.
Llegó un día en que junto con su esposa e hijos vendieron todo para irse a buscar un lugar donde construir un albergue y vivir con todos estos niños. Ya no había espacio. Decidió hacer la del cristiano verdadero: “vendió todo y se fue a seguir su corazón”. No se guardó nada. Y ahí comenzaron a llegar más niños y a llegar, como él dice, “ayudas escalonadas que Dios pone una tras otra para cubrir todas las necesidades”. Se fueron en un camión y llegaron a Ventanilla. Su intención inicial era irse hasta Trujillo, pero vieron este arenal y decidieron quedarse ahí. Al poco tiempo llegó un sacerdote, dueño del terreno. Le comentó lo que quería hacer y el sacerdote le dio el terreno donde ahora está la comunidad (es un terreno de dos hectáreas) y hasta ahora no ha dejado de crecer.
Han pasado ya más de veinte años desde aquella vez y Miguel, cual ejecutivo, está permanentemente trabajando, atendiendo llamadas, etc. Pero su trabajo no es cualquiera. Él vive de la generosidad, de la suya y de la de los demás. Es casi un Don Bosco peruano, siempre hace lo que tiene que hacer y aparece lo que necesita sólo cuando lo necesita y precisamente eso. Nada más. Nunca sobre, pero nunca falta. Más de 2000 personas se lo tienen que agradecer.
Entre las varias cosas que me cuenta que hacen en la Comunidad, me dice que tienen una clínica para ellos, que tienen una orquesta de música clásica, que tienen una panadería, que hacen cuadernos escolares, que reciclan para hacerse sus muebles, que aprenden inglés, que hay 130 adolescentes que viven ahí que van a la universidad o a hacer estudios superiores (aparte de los 830 niños), y una larga lista de etcéteras.
Cuando se despide, nos agradece a mi esposa y a mí lo que estamos haciendo y también a mi hija (que ya está pintando porque a sus cuatro años no puede seguir una conversación tan larga). Nos damos un abrazo de despedida y me quedo pensando si él me tiene que agradecer a mí o si yo le tengo que agradecer a él por hacerme ver que el mundo sí puede ser un lugar hermoso para vivir, que sí hay gente buena, que no se necesitan tantas cosas y que sí se puede creer en Dios.
¡Gracias Miguel! Cumplamos o no la meta, la Comunidad va a estar mejor que antes con lo que consigamos… y quienes colaboremos también. ¡Acá tú eres el Iron Man!

5 comentarios:

  1. Necesitamos muchos Iron Man como ustedes. Le hacen mucho bien a nuestro mundo. Abrazos y palante Gonzalo y Miguel!

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  2. Hola Gonzalo, que grato me suena leerte de Miguel "es casi un Don Bosco peruano" y es que soy salesiana, somos todas la que estuvimos hoy, que fuiste a animar las olimpiadas del hogar. Nosotras fuimos a conocer y a explorar formas de ayudar, pronto regresaremos con nuestros voluntarios. Un fuerte abrazo y muchos éxitos en Iron Man y todo lo que emprendas.

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  3. Muy hermoso lo que has descubierto querido Gonz, me alegra muchísimo que existan personas como Miguel y te felicito sinceramente por el esfuerzo que estás haciendo... voy juntando libritos... un abrazo

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  4. ¡Qué historia tan bonita!
    Me conmueve ver que ante tantas adversidades haya personas que sigan luchando. Envidio a esas personas por ser tan fuertes.
    Saludos.

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  5. Bueno, viendo que esta es la entrada más reciente por fin me doy cuenta de que llego tarde...
    Por suerte o azar me encontré en el camino cosas que no buscaba...
    Ojalá se haya cumplido el reto.
    Saludos.

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